miércoles, 16 de noviembre de 2011

DDHH: Amílcar González, torturado (1976) [ Relato en las audiencias del 13/09/11 del Tribunal Oral de la Cámara Federal de Mar del Plata]








 Genocidio ideológico y después. Lo que sigue puede ser extraído hasta de un filme. Algo de ficción. Pero ocurrió el 13 de septiembre de 2011.
Por José Luis Ponsico (*) | El subcomisario Manuel Asad era el segundo “hombre fuerte” de la Seccional Cuarta de Policía, en marzo del ´76, en Mar del Plata. Estaba debajo del comisario Ernesto Orozco, que terminó procesado por los 85 detenidos desde el 24 de marzo. Todos clandestinos. La Seccional quedó virtualmente bajo la órbita del Ejército. Entre marzo y junio del ´76. Así empieza esta historia.
Lo que sigue puede ser extraído hasta de un filme. Algo de ficción. Pero ocurrió. En audiencias del 13 de septiembre de 2011. En el Tribunal Oral de la Cámara Federal, en Mar del Plata, se vivieron momentos de tensión. Jueces, camaristas y otros funcionarios tuvieron a represores de un lado y familiares de secuestrados y torturados, del otro.
Amílcar González, secretario general del Sindicato de Prensa de Mar del Plata, notorio periodista en los ´70, fue arrojado en la Cuarta, la madrugada del 26 de marzo. Lo dieron por muerto. La “patota” de ocho hombres de civil que respondía al Ejército, comandada por Fernando Delgado -actualmente prófugo-lo secuestró en el ministerio de Trabajo marplatense.
Nacido en La Plata el 16 de abril de1939, estudiante de la Universidad Nacional en los años ´50 cuando el debate entre “laicos” y “libres”, Amílcar decidió ir a Mar del Plata en 1966. Enseguida integró el staff del diario “La Capital” y luego fue secretario general del gremio de Prensa, y a la vez co-fundador del Peronismo de Base.
Durante la tarde del 25 de marzo de 1976, en una audiencia que no se cumpliría por cambio de autoridades, los represores se lo llevaron del Ministerio Regional Mar del Plata, sede en la avenida Luro. Fueron con tres autos sin patentes y cortando el tránsito a las 15.30.
En la misma sede donde González, autodidacta, formado en dos carreras en la Universidad platense, “había logrado convenios laborales que aún perduran 35 años después, en el gremio de Prensa”, según Miguel Belza, otro discípulo ya en los ´80. Si fuera fútbol, aunque no era lo suyo, “un jugador distinto”. Lleno de talento.
En un sitio en las afueras de Mar del Plata, Amílcar fue brutalmente torturado. Luego, como “preso político” en la Unidad Penal 9, de la ciudad de La Plata, alguien dijo que lo habían llevado a un lugar cercano a la estancia de Juan Manuel Bordeu.
La mayoría de los “paramilitares” intervinientes fueron procesados, cuando el gobierno de Néstor Kirchner hace cinco años derogó las leyes de Obediencia y Punto final de fines del ´87. El gobierno de Raúl Alfonsín juzgó a las tres juntas militares en el ´85 y “zafaron” centenares de represores que habían sido los “ejecutores” de los asesinatos.
Sólo en el ´76, el Ejército daba cuenta “de cuatro mil activistas caídos en combate”, como parte del eufemismo.
Hoy, uno de los identificados por el secuestro de González hace más de 35 años es Nicolás Caffarello, imputado y detenido por la Policía Federal hace cuatro años.
Integró como civil las fuerzas de la represión desde GADA 601 Grupo de Artillería Antiaérea con asiento en Camet, a 10 kilómetros de la ciudad, zona de la Costa Atlántica.
El comisario Orozco, en junio del ´76, fue trasladado a Maipú por una orden del Ejército, un “castigo” -”no era confiable” para la autoridad militar, según recopilaciones-. Curiosamente, Manuel Asad no estuvo bajo sospecha. Ninguna.
Ocurre que Asad era del DIPBA (Dirección Inteligencia Policía Provincia de Buenos Aires). De 1,85 de estatura, corpulento, unos 42 ó 43 años en el ´76 y miembro “del circuito”, una especie de “mesa chica” de oficiales, donde el Ejército controlaba la situación, con el coronel Alberto Barda, su par el coronel Berisso y los restantes Toccalino y Garrera.
La “inteligencia” militar jurisdicción local remitía a CNU, Concentración Nacional Universitaria, fundada en La Plata por el profesor -nacionalista- Carlos Disandro, a cargo de Derecho Natural en el ´65. Asad, no lo dijo, pero sabía que Amílcar era una “vendetta” por Ernesto Piantoni.
En el ´80, con el esclarecimiento del crimen del militante de la CNU conocido como el “Polaco” Duchab, cuyo cadáver apareció en un horno de la sede de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), se supo más. El asesinato de Piantoni, jefe de la CNU local en marzo del´75 era una parte del conflicto de sectores armados de la “derecha peronista” entre el ´71 y 1980.
Asad -contó Amílcar en el ´84- “mantuvo extensa charla cuando todavía yo no estaba para nada recuperado de la picana eléctrica y vivía al borde de una gangrena”. Recuerdo de su regreso de Venezuela, donde vivió exiliado desde abril del ‘78, hasta la democracia con Raúl Alfonsín.
La salida del país estuvo vinculada a la presión internacional en tanto otros compañeros eran motivo de persecución. La CLAT (Central Latinoamericana de Trabajadores), con sede en San Antonio de los Altos, a 14 kilómetros de Caracas, lo integró como académico.
Lograda la libertad por intervención de organismos internacionales, Amílcar desarrolló valiosa actividad en Centroamérica y Europa. Entre 1979 y 1983 se convirtió en una fuente de consulta de distintos foros en el exterior. Su prédica no era precisamente “la de un resentido”.
Siempre quiso volver. Cosa que hizo en el ´84. En las elecciones de octubre González ganó por segunda vez y ratificó su liderazgo como secretario general en el Sindicato de Prensa. Su perfil totalmente ajeno al que la historia contemporánea y varios medios se encargaron de difundir.
Amílcar siempre estuvo muy lejos del “hedonismo” uno de sus términos cuando la realidad de la política ubicaba a los representantes –de distintos segmentos- en la riqueza económica, exposición pública. Propiedades, autos costosos. También campos. Y hasta estancias. Era de otro tiempo.
Es importante a esta altura que se conozca que la hija de González, Julia, tuvo dos hijos. Ahora, adultos. Militantes kirchneristas de la juventud. Valentín y Santiago Belza, veintiañeros, nietos del gran Amílcar.
En la Cuarta, la prisión de González era un tema de todos. Otros presos vivían angustia por los efectos de la tortura, tormentos, dos paros cardíacos; el principio de gangrena e infección de las muñecas por los alambres con que fue atado. Lo quemaron con colillas de cigarrillos. Horror
“Flaco, vos sos un periodista muy capaz, tipo inteligente … dirigente político y gremial muy reconocido. Estuve estudiando tu caso. Quiero que sepas que nosotros, la Policía, hoy es usada aquí por el Ejército. Lo que te hicieron… nosotros no lo aprobamos”, dijo Asad.
Amílcar, contaría a su regreso que con la boca semicerrada por los golpes, alcanzó a decirle: “le digo lo mismo que a los torturadores… como me van a matar quiero que sepan que mis hijos y nietos los van a perseguir a ustedes, a los hijos de ustedes y nietos de ustedes”.
El martes 13 de septiembre de 2011, cuando salía del Tribunal Oral, Cámara Federal, en Luro al 2400, Valentín Belsa, uno de los nietos de Amílcar González, se acercó a Nicolás Cafarello, alias “Tano Nicola”, de la patota que lo había secuestrado frente a sus compañeros de trabajo, y le dijo en la cara: “Cafarello, soy el nieto de Amílcar González. Mírame bien… hijo de puta, genocida, criminal; ojalá te pudras en la cárcel. Asesino…”.
(*) Periodista, informe especial para AgePeBa.


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