jueves, 16 de febrero de 2012

DDHH: Hoy, en el juicio, quedó detenido José Juárez(comisario mayor-jubilado)

Hoy siguió el juicio por lesa humanidad que juzga a civiles y militares. Importantes testimonios sobre la actividad en la Quinta de los Mendez y quedo presó un efectivo jubilado de la policia por falso testimonio; revistaba en esos años como comisario mayor en la comiseria primera de Tandil.




Un efectivo jubilado de la Policía Bonaerense quedó a disposición del Juzgado Federal de Azul, tras negar un testimonio que había brindado ante la justicia en 1977, en el marco del Juicio por la Verdad que se desarrolla en Tandil por crímenes de lesa humanidad en perjuicio del abogado laboralista Carlos Alberto Moreno, oriundo de Olavarría, secuestrado, torturado y asesinado, durante la última dictadura militar. 

El Tribunal en los Criminal Federal Nº 8 de Mar del Plata, busca establecer responsabilidades militares aunque también civiles y hasta empresariales, en torno a los trágicos sucesos acaecidos en la denominada Quinta de Los Méndez, en Tandil.

En el proceso son juzgados los ex militares Julio Tommasi, Roque Pappalardo y José Luis Ojeda, y los civiles Emilio Méndez y Julio Méndez. 

Este jueves, en la tercera de las audiencias testimoniales, José Juárez -que se desempeñaba en aquel momento como Comisario Mayor en la Seccional Primera de la localidad de Tandil- quedó a disposición de la Justicia luego de negar ante el Tribunal actuante no sólo el contenido testimonial sino también su propia firma certificada por un juez que, a escasos días de la desaparición de Moreno, en 1977, había certificado su versión de los hechos. 

Juárez y otro efectivo de la Policía que prestó testimonio, Fernando Sánchez, recibieron la denuncia de un grupo de civiles que presenció a personal de las fuerzas militares mientras recapturaban al abogado olavarriense Moreno, antes de retornarlo al cautiverio que lamentablemente culminó con su posterior asesinato.

Juárez y Sánchez habían demorado a uno de los perseguidores aunque, tras chequear su identidad con Roque Pappalardo, uno de los jefes militares imputados, decidieron soltarlo de manera inmediata. 

Lo cierto es que mientras Sánchez ratificó la versión de los hechos que había certificado ante juez en aquel momento, Juárez alegó que un reciente problema de salud le dificultaba recordaba lo sucedido al extremo de negar su propia firma, lo que derivó en su disposición ahora por falso testimonio.

Los testimonios actuales, que se suman a las investigaciones iniciadas en 1977 y luego ampliadas con el retorno de la democracia, siguen aportando claridad a las complicidades civiles y el contexto de callamiento sórdido de los crímenes de lesa humanidad cometidos en abuso de la fuerza por la administración del aparato estatal.

Testigo clave, amenazada

Este jueves se inició con la declaración de la tandilense Ana María Posal, hija de los caseros del Club Los Cardos, institución deportiva ubicada en las cercanías de la quinta propiedad de los hermanos Méndez.

Posal, describió que al menos durante aquellos tres o cuatro días que transcurrieron desde el secuestro y hasta el asesinato de Moreno el movimiento militar en la chacra de los Méndez fue intenso.

“Un día llegaron camiones verdes, camionetas, autos civiles, y de los vehículos bajaron personas vestidas de militar” dijo Posal, quién aseveró que uno de esos militares “no sé el rango, pero se notaba que tenía cargo, se acercó para pedirnos agua y comida”.

La mujer, narró que desde la primera de las noches con presencia militar en el lugar “se escucharon la voz de un hombre y de dos mujeres jóvenes, que gritaban, pedían socorro y auxilio”.

Posal reiteró que mientras los pedidos de “agua y comida” eran realizados siempre por el mismo efectivo de la fuerza, el resto de los “soldados” se mantenía en posiciones fijas como montando guardias en los perímetros.

Cómo los gritos se reiteraban por la noche, la familia comentó la cuestión a varios integrantes de la comisión directiva del Club Los Cardos, aunque les indicaron que mejor no insistieran con el asunto para evitar dificultades.

Lo cierto es que, Posal contó además que “un día volviendo con mi mamá de la sede que el club tenía en el centro de la ciudad, empezamos a escuchar tiros por todos lados, con policías, militares, y gente sin uniforme corriendo para todos lados. Y ahí nos escondimos por tres horas hasta todo se tranquilizó. Después el movimiento desapareció y nadie más visitó el lugar”.

La mujer, considerada una testigo clave en la trama que se juzga, indicó que tras los episodios tuvo la oportunidad de ingresar a la quinta junto a un miembro del club, dónde pudo observar “gasas con sangre, dos elásticos sobre cajones de madera, cables cerca de un enchufe, y gomas a los costados”, referencia de las camas de tortura que usaban los grupos de la dictadura.

Posal, adelantó su testimonio debido al sufrimiento de dos amenazas: una telefónica en su domicilio, ocurrida el domingo pasado, y otra perpetrada a través de un mensaje de texto enviado a su celular y que ya está a disposición de la Justicia para su investigación. 

Roberto Pérez, fue otro de los protagonistas de las testimoniales del jueves. Junto a otros dos tandilenses, ocasionalmente presenciaron el “operativo cerrojo” de los militares para recapturar a Moreno, en cercanía de la quinta de los Méndez.

El testigo, como había sucedido en actuaciones judiciales de 1977 y 1986, ratificó la denuncia policial realizada en su momento en la Seccional Primera de Tandil y el reconocimiento fotográfico de la víctima, elementos probatorios buscados desde las partes acusatorias.

Fuente: Comisión de Comunicación – Multisectorial

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