lunes, 15 de diciembre de 2014

Usina "Popular y Radical": Cayo Oscar Maggiori y la pregunta del millón ¿volverá a poligrillo o seguirá de Campeón?

Los directores del sector privado y los funcionarios del sector público ganan suculentos sueldos y son poco requeridos.  La empresa más importante de Tandil tiene un buen sostén técnico y marcha sola.  Cuanto menos opinan los directores, mejor.   
Si bien la Usina tuvo presidentes con iniciativa y con ambiciones políticas, también contó con presidentes que fueron allí a curar sus heridas económicas sufridas en el ámbito privado.  Peronismo, zanatellismo y radicalismo utilizaron a la empresa más importante de la ciudad para saldar acuerdos políticos o para resolver la situación de un funcionario problemático pero con fuertes vínculos con la conducción del Gobierno.
Los privados no se quedaron atrás.  La Cámara ha subvencionado a decenas de empresarios de la ciudad que eran víctimas de malas decisiones empresarias o de los altibajos de la economía.   Varios quebrados y concursados fueron al directorio detrás del sueldo que les permitiera vivir más allá de sus capacidades.
De esta forma, la Usina se fue convirtiendo en un espacio ambicionado por quienes buscaban un buen ingreso y pocos problemas, becarios del sistema  Este criterio causó no pocos problemas entre el Gobierno y la Cámara Empresaria.  Uno de esos últimos encontronazos es reciente y lo involucra a Oscar Maggiori, ex secretario de Desarrollo Local de Miguel Lunghi.
Maggiori se fue de la Secretaría con fuertes críticas a su gestión.  Con una mochila pesada tras el caso Tyssen, la empresa alemana que aseguró haber sido ninguneada por la gestión y que se terminó instalando en Saladillo tras descartar Tandil.  En lo personal, estaba afectado por un concurso judicial, producto de desaciertos en su derrotero empresario.
Una vez más la Usina alojaba a un “cascoteado” empresario de la ciudad.  Nadie se quejó por su nombramiento.  La Usina tenía amplia experiencia en este asunto.  Los privados eran los que menos podían opinar al respecto. 
A la gestión de Maggiori le tocó transitar una etapa nueva y para los parámetros de la gestión el balance fue positivo.  Se instalaron en la nueva sede, motorizaron la “SA” que hoy ofrece servicios en toda la ciudad y, recientemente, incorporaron CAMI como nueva unidad de negocios.
Mientras tanto Maggiori seguía purgando su paso por la gestión en Desarrollo Local.  Una investigación sobre la concesión del Hipódromo lo devolvía al ring de donde lo había sacado su amigo y jefe, Miguel Lunghi, para protegerlo y para protegerse.
Hasta ahí, el balance de Maggiori seguía arrojando elementos a su favor: la Usina crecía y facturaba en base a negocios cada vez más rentables aunque cada vez más alejados del sentido original de la empresa pensada y proyectada en el seno del socialismo local.
Y la piedra le llegó del lugar menos pensado.  Había sorteado con fortuna los cascotes de su “segundo” en Desarrollo Local, Pedro Espondaburu, quien lo limó y operó en el resto del Gabinete para quedarse con el cargo.  Había sorteado con fortuna las operaciones mediáticas y políticas de los directores privados que sacaban a relucir su condición de concursado como presidente de la Usina. 
El piedrazo mortal le llegó desde ARBA quien denunció a varios tandilenses por tener autos lujosos patentados en paraísos fiscales de provincias, entre ellos Maggiori. Lo que no lograron correligionarios y empresarios, lo logró una factura de patentes remitida desde Corrientes. 
El radicalismo tiene esas cosas.  Se puede “bancar” sin problemas cuestionamientos políticos y técnicos, errores y trasgresiones que afectan por millones de pesos a una Tesorería y falencias sociales que lesionan a una ciudad y a sus vecinos con consecuencias inimaginables e irreparables, pero no se banca la sentencia social de una patente “trucha” y el mote de evasor. 
La imagen lo es todo.  Lo otro, es discutible. 
Política Tandil

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