miércoles, 10 de diciembre de 2014

“Negro y azul”, la nota sobre las cuevas, los prestamistas y el dinero negro en Tandil


La edición del Diario deTandil papel que salió el sábado trajo en su nota de tapa una investigación periodística sin desperdicios sobre el negocio de la usura en nuestra ciudad. Camino a agotarse el semanario, compartimos con nuestros lectores el artículo, tal como apareció en la versión papel.

NEGRO Y AZUL
(Investigación: Eugenio Martínez y Marcelo Bettini) Esos colores se asocian en gran medida al crecimiento de Tandil. No representan un club de fútbol ni un partido político; no hacen referencia a las etiquetas de dos grandes productos de Johnnie Walker. Negro es el color del dinero que proveniente de la producción se inyecta al mercado a través de la construcción; o de la lucrativa experiencia del descuento de cheques que llevan a cabo operadores locales recurriendo a fondos de las empresas que generan mayor flujo de caja diario, como supermercados, distribuidores mayoristas o estaciones de servicio. Es negro como la oscuridad misma el lavado de capitales, asociado a grandes emprendimientos hoteleros que pueden declarar un lleno total anual aún cuando no haya huéspedes alojados. Azul es el tono del dólar blue, cuyas operaciones se llevan a cabo casi con exclusividad en el mercado ilegal a razón de un millón de pesos diarios. En este valle milenario, al amparo de la roca gris y sobre el suelo fértil de la Pampa Húmeda, florecen más de 70 emprendimientos dedicados al cambio de divisas, préstamos en efectivo y cambio de cheques.
Aldo Pignanelli lo anticipó en 2010 cuando visitó esta ciudad. En una charla con integrantes de cooperativas el ex presidente del Banco Central reveló que Tandil era una de las ciudades de la provincia que concretaba mayor cantidad de operaciones cambiarias. Ese año cerró con alrededor de $300 millones en operaciones de compra venta de dólares. La cotización del 30 de diciembre fue de $3,97 para la compra y $4,01 para el tipo vendedor; a día de hoy, solamente por efecto de la devaluación, ese volumen ronda los $600 millones. La cifra crece cuando se tiene en cuenta que la compra y venta de dólares al tipo oficial de $8,54 se encuentra restringida y gran parte de las operaciones se hace a un dólar blue de $13,30.
Así, brotan en verde Benjamin Franklin las ramas de un árbol frondoso que hunde raíces en las cuevas locales. Porque el centro comercial a cielo abierto no es la calle Florida, donde los arbolitos canturrean su monocorde estribillo “cambio, cambio”. Aquí, para conseguir un puñado de dólares hay que tener el mapa de las cuevas. Las más conocidas son la de calle Arana, la de San Martín entre la zapatería y la perfumería o el escritorio de una estación de servicio céntrica. También las casas oficiales -que de otra manera deberían bajar la persiana por el bajo número de operaciones- atienden a los clientes más conocidos o con recomendación “por la puerta del costado”.
Ese disimulo no es solo cuestión de recato. Los cinematográficos procedimientos de AFIP en las cuevas de la city porteña han logrado meter miedo a los jugadores del mercado del “dólar ilegal”. Y el sector clandestino tomó recaudos. Una visita a los operadores más importantes permite establecer que todos cuentan con cámaras de seguridad y acceso controlado desde el interior por puertas electrónicas. Otros, directamente interrogan a los interesados para saber quién los ha recomendado.

LOS CUEVEROS GANAN MÁS
No es difícil explicar por qué los financistas del segmento ilegal atraviesan un buen momento. Con ventas en baja, tasas de interés elevadas, demoras cada vez más grandes en la cadena de pagos y descubiertos bancarios, la necesidad de mantener el capital de trabajo y hacerse de efectivo se ha convertido en una misión difícil y costosa.

Eso explica que el reinado otrora indiscutible de las 12 cuotas sin interés con tarjeta de crédito vaya dejando paso al descuento por pago contado, que ya se ha instalado como modalidad de venta en diversos comercios de la ciudad. Pero eso no alcanza para los comerciantes y empresarios que empiezan a demorar el pago a  proveedores o entregar cheques a 30 y 45 días como acto corriente.
Para peor, los bancos no tienen herramientas útiles; las tasas de interés no son atractivas y se ven recortes en el financiamiento a empresas, ya sea para el uso del descubierto como para la compra de cheques.
En un contexto de préstamos caros y difíciles de obtener las más beneficiadas son las “cuevas” que se encargan de descontar cheques entregando efectivo, a cambio, claro está, de su comisión.
Así se suman al mercado informal del dinero en Tandil los cambia cheques, mayores en número a quienes se dedican a la compraventa de dólares. Y su negocio es próspero porque cuando los gerentes de los bancos insisten con achicar el descubierto, no queda otra alternativa que caer en estas financieras para descontar los cheques.

¿CUÁNTO CUESTA DESCONTAR UN CHEQUE?
Ya se trate de una financiera establecida, de una cueva reconocida o de un cambia cheques que opera por su cuenta el sistema es indistinto. Primero hay que identificar quién libró el cheque y en función del riesgo crediticio se aplica la tasa de descuento. Esa operación se hace rápidamente a través de Internet y según el resultado de la pesquisa la variación es de entre el 8 y el 18 por ciento, dependiendo de la categoría del firmante.
Si se trata de un documento librado por una empresa reconocida se cobra una tasa del 8%, cargo que irá subiendo si proviene de una firma más riesgosa o de un individuo, de acuerdo a su calidad crediticia. El porcentaje usual del operador es del 5%, mientras que el 3% restante es para quien compra a la cueva los cheques de terceros.
Aunque el plazo habitual es de 30 días, se espera que con el correr de los meses se vaya estirando más, lo que hará que cuando se descuente un cheque se reciba menos dinero en efectivo al subir la comisión del gestor, que es quien debe soportar el riesgo de un cheque eventualmente sin fondos que lo respalden.
Traducir estos porcentajes a pesos ayuda a comprender mejor el negocio. Si se necesita descontar un cheque de $50.000 librado a 30 días, se recibirá en mano $41.000 con una calificación crediticia baja. Si el cheque entregado a la cueva es de una empresa o un particular con excelente reputación se percibirá por el documento $46.000.

UNA ACTIVIDAD RIESGOSA
Todo negocio muy lucrativo suele traer aparejado un alto riesgo. En el rubro de los cambia cheques existe la posibilidad de que un documento vuelva rechazado por falta de fondos, en cuyo caso tendrá que hacer frente ante quien se lo compró y luego tratar de cobrarlo por su cuenta para recuperar la inversión.
Los prestamistas suelen garantizar el dinero que entregan con una prenda si se trata de la venta de un automóvil, o una hipoteca cuando la garantía es un inmueble. Cuando prestan sin garantías deben recurrir a métodos menos ortodoxos para compeler al deudor a que pague lo acordado. A veces, todos los recaudos son escasos y al prestamista le toca perder.
Eso le sucedió a Santo Antonio Bravata, un italiano vinculado con la Cosa Nostra que se hizo fuerte en Tandil como prestamista mientras mantenía una fachada de buen hombre relacionado con la gente y las cosas de su colectividad, desde su arribo a mediados de 2009.
El 16 de diciembre de 2011 el prestamista y su esposa, Fracesca Crocci, fueron asesinados a martillazos en un festival de sangre y locura protagonizado por uno de sus clientes.
Aquel viernes, al calor de una tarde de verano que transformaría en constante pesadilla el resto de su vida y la de su familia, Martín De Agostini tocó la puerta de 14 de Julio 134 para hablar con su acreedor.
En el señorial chalet de dos plantas el constructor de piletas de natación de 43 años discutió con el siciliano de 60 por la deuda que mantenía con este. Adicto al casino donde perdía fuertes sumas de dinero, había llegado a Bravata a través de un intermediario.
La imposibilidad de cumplir con el pago y el temor de que le pasara algo malo a su familia como consecuencia lo llevaron a tratar de disuadir al prestamista. La discusión terminó cuando De Agostini golpeó con furia al prestamista y a su esposa en la cabeza con un martillo que llevaba entre sus herramientas de trabajo.
El viernes 27 de diciembre los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 dieron a conocer  el veredicto: 24 años de prisión por “Doble homicidio en concurso real”.

LOS CHICOS NO SE ESCONDEN
Los prestamistas más chicos no suelen tener oficina, aunque unos pocos atienden en la trastienda del local comercial en el que desarrollan una actividad lícita paralela. A diferencia de los tiburones blancos que atienden en oficinas fortificadas, las rémoras de este ecosistema se dejan ver en los bares del microcentro, donde funcionan sus “oficinas”. En ese campo de operaciones, teléfono celular en mano, esperan una llamada para concretar la operación. No parecen compartir el temor de sus pares de mayor envergadura y algunos convenios se concretan disimuladamente por debajo de la mesa, a la vista de quien quiera ver.
Un operador chico que trabaja fuera del microcentro en un local donde presta otros servicios que le sirven de pantalla, revela que maneja un volumen diario de $10 mil. Autodefinido como un prestamista de pequeña escala explica: “En su mayoría son para comercios chicos, para empresas familiares que necesitan efectivo para adquirir mercadería. Son capaces de pagar un 20% de interés en el término de diez a quince días, para mí es buen negocio y a ellos les sirve porque a esa mercadería le recargan hasta un 40%”.
Asegura que el dinero que mueve su mini financiera es capital propio, “a lo sumo con algún aporte esporádico de gente conocida que quiere hacer una diferencia”. Por eso, quienes tienen dinero ahorrado y quieren hacerle rendir dividendos fuera del ámbito del plazo fijo concurren a las mesas de dinero, engranaje fundamental en el circuito extraoficial del dinero.
Otro de los rubros en que incursionan estos prestamistas es el de la financiación para compra de automóviles. En este caso trabajan detrás de las agencias y ponen su capital como servicio financiero. Guillermo tiene 39 años y junto a su esposa logra un ingreso mensual que le permite vivir sin sobresaltos. Por ese motivo decidió cambiar su automóvil por un modelo más reciente. Fue a una agencia de autos usados, entregó su Fiat y retiró sin más trámite un automóvil mejor equipado modelo 2005. “Fui a pagar la segunda cuota y como había entrado en confianza con el agenciero me dijo que podía pagar en una oficina de la calle Pellegrini, que me iba a quedar más cerca de mi casa. Meses después, conversando con el muchacho que me cobraba en ese nuevo domicilio me enteré que no era socio ni dueño de la agencia, él financiaba para esa y para otras. O sea que sin saberlo terminé negociando con un prestamista”.
El préstamo de dinero para compra de automotores es una de las pistas en torno a la desaparición de Abel Rubén Barbero, de quien no se tienen noticias ni indicios desde que el 3 de diciembre de 2012, aproximadamente a las dos de la tarde, salió de su domicilio en el 10º “A” de Sarmiento 574. Su automóvil fue encontrado a pocas cuadras. No se ha comprobado que la desaparición de Barbero tenga que ver con su reconocida actividad de compra y venta de automotores a plazos, actividad que implica directamente el préstamo de dinero. Pero es una fuerte hipótesis.

La rotisería del ex concejal
En la política local no se hace dinero. La gente piensa que aquellos que llegan a ostentar un puesto “se salvan para toda la cosecha”, pero hay muchos ejemplos de que no es así. Algunos vuelven a su profesión, otros buscan trabajo y están quienes deciden incursionar en nuevos rubros. Este es el caso de un edil mandato cumplido quien, luego de varios emprendimientos fallidos, decidió poner una rotisería.
Como no le alcanzaba el dinero recurrió a un prestamista para encarar la recta final de su emprendimiento. Tras acordar intereses por las fechas que figurarían en los cheques y luego de que el financista revisara los antecedentes bancarios se realizó la transacción.
Los problemas comenzaron cuando quien tenía los valores en su poder intentó cobrarlos porque la cuenta había sido cerrada.

Presta y narco
Oscar “Pato” Lorenzo y Ernesto Palazzo se asociaron para realizar diversas operaciones de préstamo de dinero y cambio de cheques y dólares. Pero como el negocio no les parecía completo el último le agregó la comercialización de estupefacientes.
De los allanamientos registrados sobre principios de noviembre del año pasado cuando secuestraron cocaína de máxima calidad, también se determinó en calle Rodríguez al 800 el funcionamiento de una “cueva”.
Los imputados, que a los pocos meses quedaron en libertad por considerarse nulo el procedimiento, se dedicaban a prestar dinero y se cambiaban divisas y cheques.
En ese lugar se concretó el mayor secuestro de dinero, pero también se recolectaron otras pruebas vinculadas a la actividad. Estas actuaciones serán giradas a la Justicia Federal para que investigue el hecho en el marco de una presunta infracción a la Ley Cambiaria.

Buscando a Tati
En 2011 Santiago “Tati” Silva relegó el bajo perfil de su tarea como cambia cheques para abrir un resto bar en la Galería de los Puentes. A Da Vinci se llegaba directamente a través de la escalera mecánica que el emprendedor puso en marcha luego de décadas de abandono, demostrando una vez más su afición el marketing. Poco antes había trascendido como vicepresidente del Club Santamarina. Su alto perfil mediático marcaba contraste con la necesidad de discreción de su principal actividad.
Un lunes de fines de diciembre de 2011 Silva había citado a los acreedores de Da Vinci para pagar las deudas del negocio. Para las nueve de la noche no había aparecido ni atendía el teléfono. Su reloj de pulsera aún marcaba los minutos sobre la mesita de noche en su departamento. La búsqueda fue desesperada. Con la reciente muerte del prestamista Bravata su círculo íntimo temió que hubiera corrido una suerte parecida. Pero esa misma semana una mujer joven con la que sostenía una relación afectiva y uno de sus amigos lo encontrarían en un hotel de Azul. “Ya les voy a explicar todo, váyanse de inmediato de acá, ahora no puedo hablar”, les ordenó. De vuelta en Tandil su novia y su amigo contaron que estaba vivo y aniquilaron la peor hipótesis. Sin embargo, aquel sería el último encuentro con el prestamista fugado.
Silva comenzó su carrera ascendente trabajando para Supermercados Aragone, en Mar del Plata, donde administraba el rubro carnicerías. Ya fuera de la empresa se vinculó con un frigorífico. Quienes lo conocen aseguran que en esa etapa comenzó a hacer los primeros “revoleos” con los cheques. Para pagar la carne tenía un plazo de entre 30 y 45 días, entonces el efectivo lo usaba para cambiar cheques, se los daba en pago al frigorífico y obtenía de los terceros un ocho por ciento de ganancia.
Hombre de grandes ambiciones y constancia para concretar sus planes, para 2006 se había desligado del frigorífico. Abrió una oficina en la Galería 9 de Julio y se dedicó de lleno al descuento de cheques. Comenzó en sociedad con un amigo que poco después emigró a Uruguay. “Entre los dos pusieron el equivalente a $400 mil de hoy, pero era muy ordenado para trabajar y en poco tiempo estaba moviendo un volumen de plata aceptable para lo que son los cambia cheques medianos de Tandil”, relata un operador inmobiliario que conoce el funcionamiento del mercado negro.
A partir de entonces Tati se dedicó a hacer lo que mejor sabía, generar plata con plata. La misma fuente explica que sus principales puntos para el descuento de los cheques que cambiaba eran emprendimientos de gran movimiento diario de caja: dos supermercados locales y un distribuidor mayorista.
Llegar a tener la clientela de alto nivel que consiguió no fue producto de la suerte. Trabajó seriamente hasta ganarse la confianza de los que mueven mucho efectivo diario, sus mejores clientes. Así, era habitual verlo entrar y salir de la oficina de administración de un supermercado local, cliente a través del que descontaba cheques por alrededor de $2 millones mensuales.
Con las ganancias de su actividad compró un terreno en calle Moreno donde construyó diez departamentos. Luego de su acto de escapismo, en el intento de escriturar los inmuebles se descubrió que tres de esas unidades fueron vendidas dos veces. “No dejó títere con cabeza, se las mandó todas juntas”, se lamenta un damnificado que aún trata de recuperar los ahorros que invirtió a cambio de una renta mensual de $1500.

Desde su exilio voluntario en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hizo llegar noticias a algunos de sus acreedores. Cambió a su hermana Fátima como representante legal por Ricardo Zarini, quien entabló contactos con damnificados para lograr acuerdos de pago. Fue este letrado quien solucionó cuestiones relativas a una propiedad sobre la calle Alem, en la cuadra de Matelec, donde Silva tuvo un entredicho con otro de sus ex amigos.
A estas altura resulta anecdótico un hecho ocurrido en La Vereda. La hermana se paró frente a la mesa donde se reúnen “las viudas de Tati” (el grupo de ex amigos del prestamista). Les recriminó que mancillen el nombre del desaparecido y los desafió a que, cuando vuelva, le digan esas cosas en la cara. A estas alturas, los que se consideraban sus amigos ya ni siquiera están interesados en hablar de él, ni bien ni mal, tampoco quieren un pedido de disculpas ni saber exactamente cómo fueron los acontecimientos. Solo quieren que devuelva la plata.***

Una bomba que hace tic-tac
Las escribanías siempre funcionaron como una entidad de crédito, porque otorgan préstamos para comprar propiedades y se garantizan con hipotecas. Es una operación con poco margen de ganancia pero totalmente segura por la garantía hipotecaria. “Usted pagará durante los próximos cinco años los intereses y al culminar ese período devuelve el capital. O lo puede hacer como si fuera un banco, todo en cuotas. Ese es el negocio histórico de las escribanías. Viene un cliente que vendió un campo y deja en su estudio de confianza para que le manejen el dinero”.
La descripción corresponde a un abogado con notable conocimiento de la plaza local, quien empezó su carrera en materia económica en Capital Federal hace casi dos décadas, trabajando para una escribanía de las más grandes.
Pero esa práctica corriente que deja una ganancia relativamente baja puede ser desvirtuada si se convierte ese ámbito una mesa de dinero.
El abogado lo pone claro: “Qué es desvirtuar, sencillamente pasar de la mesa con hipoteca que es algo serio pero con ganancia baja -te doy dinero para que lo trabajes, lo prestás contra hipoteca, si no pagan ejecutamos el inmueble- a la mesa de cheques con ganancias muy altas. O sea, pasamos de lo serio y seguro a tener cheques que si no te los pagan le reclamás a Magoya”.
Este negocio depende de inversores confiados que crean que es posible obtener grandes ganancias sin trabajar. Claro que es posible, pero el riesgo es muy alto.
Algo así ocurrió con un reconocido profesional que desde hace meses tiene a decenas de inversores en una situación de zozobra. Es que tomó dólares como inversión pagando el 3,5% mensual cuando la divisa norteamericana cotizaba a $4. En paralelo, su escribanía prestaba dinero en pesos. No hace falta llamar a Adrián Paenza para que haga las cuentas. El resultado es un saldo negativo escrito en rojo furioso.

En ese contexto se dan situaciones variopintas en la oficina céntrica del notario. Quizá la más extrema la protagonizó un abogado quien, atemorizado por el destino de los ahorros que puso en la mesa de dinero, fue a reclamar su inversión.
Las constantes negativas y las promesas incumplidas hicieron eclosión y, desencajado, el profesional tomó un arma cargada y encaró para el banquito. Enceguecido llegó al lugar y pidió por el jefe. Pero mientras esperaba que lo atendiera, recapacitó. Comenzó a enfriarse y cuando reflexionó sobre lo que estaba a punto de hacer, quebró en llanto. Volvió días después, más tranquilo y sin el “fierro” para tratar de llegar a un arreglo a futuro, incierto, pero sin efusión de sangre.
Precisamente a eso, un arreglo futuro, apuntan en el caldeado ambiente de los abogados. En varios estudios jurídicos se han hecho consultas de inversionistas de esa mesa para tratar de recuperar sumas que van de los 100 a los 350 mil dólares. Hasta ahora ninguno se atrevió a dar el primer paso. Un abogado de la matrícula cuyo asesoramiento fue requerido por un par de estos vecinos asegura que les aconsejó “tratar de arreglar y apostar a que lo vaya solucionando con el tiempo, de a poco y como se pueda, porque si esto detona no cobra nadie”.
No son los únicos que esperan una solución que disipe el frente de tormenta que se avecina. Por las extensas vinculaciones y por la responsabilidad institucional del prestamista, todos creen que están sentados sobre una bomba de tiempo que urge desactivar. Una explosión causaría heridas devastadoras en vísperas de un año electoral. Mientras tanto, el mecanismo de relojería sigue marcando el avance constante e inexorable del tiempo. Con precisión suiza. Tic. Tac.
Nota del director del blog: Reproducimos un importantisimo trabajo sobre el circuito del dinero en negro que se mueve en Tandil. Felicitaciones al Diario de Tandil.

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