miércoles, 9 de octubre de 2013

EEUU: Analizando el shutdown americano.(dos posteos:uno en el blog ArtePolítica y otro en el blog de Abel)

Las claves del apagón


El lunes, el gobierno federal (o sea, nacional) de Estados Unidos entró en shutdown en el primer minuto del 1 de octubre pasado. Todas las oficinas federales denominadas “no prioritarias” cerraron, entre ellas los museos del Smithsonian, todos los parques nacionales, la oficina que monitorea epidemias y la NASA. No se emiten más pasaportes ni visas. El Instituto Nacional de la Salud anunció que no podría ingresar para tratamientos experimentales a 30 pacientes con cáncer, muchos de ellos niños. A ochocientos mil empleados federales se les informó que debían quedarse en sus casas hasta nuevo aviso; estos días no serán pagados, salvo que el Congreso luego apruebe una resolución en contrario. Algunos servicios del gobierno que son juzgados como esenciales (las fuerzas armadas, las prisiones y el control de las fronteras) continúan funcionando, aunque sus empleados deben concurrir a trabajar sin paga.
¿Por qué y como sucedió esto? Las claves del asunto dos: el sistema del gobierno dividido y los cambios al interior del partido republicano.
En Estados Unidos el presidente no tiene mayoría automática en el Congreso y, de hecho, es muy común que deba gobernar con un Congreso adverso. En este caso, el partido demócrata tiene mayoría en el Senado pero los Republicanos tienen mayoría en la Cámara de Representantes. La oposición en el Congreso no puede, por sí, pasar leyes, pero puede entorpecer de muchas maneras la gestión del poder ejecutivo.
El Congreso debe aprobar el presupuesto anualmente, y debe autorizar los gastos del Poder Ejecutivo al inicio del año fiscal (que en EEUU es el 1 de octubre.) A diferencia de Argentina, en donde si el Congreso no aprueba un presupuesto se mantiene el del año anterior, en Estados Unidos si el Congreso no aprueba un presupuesto ni autoriza a devengar los gastos el Poder Ejecutivo no puede gastar ni un peso, aunque se trate, como en este caso, de items presupuestarios sobre los cuales no hay desacuerdos. Es decir, la fracción de Partido Republicano que forzó el shutdown no está en desacuerdo con el presupuesto, sino que se trata, en realidad, de otra cosa. Tampoco se trata de que el país no tenga los recursos para gastar, o que haya una crisis económica–antes bien, el déficit está bajando.
Si el Congreso no aprueba los gastos presupuestarios, el Poder Ejectivo no recibe los fondos para cubrir sus gastos, por lo tanto, el gobierno cierra. Baja la persiana, suspende hasta nuevo aviso a sus empleados, no paga a sus proveedores (exagerando un poco.) Por supuesto, esto es inusitado, y durante décadas era casi impensable pensar que el Congreso desfinanciaría al ejecutivo de un día para el otro, salvo en una crisis nacional.
Lo cual nos lleva a las dinámicas políticas que causaron la cuestión. Lo primero que hay que resaltar es que el shutdown no es una negociación, y no se trata de que haya “dos lados en desacuerdo” o que los demócratas no quieran negociar. Se trata de los republicanos utilizando un resorte de poder institucional (la capacidad de un grupo dentro de una sola de las cámaras para desfinanciar al estado) para lograr rechazar una ley que no les gusta, pero que no cuentan con votos suficientes para anularla por métodos institucionales corrientes.
La ley de expansión de la cobertura de salud que muchos llaman “Obamacare” fue aprobada por el Congreso en 2009, hace cuatro años, siguiendo todos los caminos institucionales. Luego, su constitucionalidad fue desafiada ante la Corte Suprema (que tiene mayoría republicana), quien la declaró constitucional. Luego, el electorado reeligió cómodamente a Obama en 2012, y rechazó al candidato republicano que prometía eliminarla. Hoy, el bloque más radicalizado de los republicanos en el Congreso pide que Obama anule la ley, que la desfinancie (es decir, que el Congreso no le asigne ningún presupuesto, matándola de facto) o, en la última versión, que su implementación se suspenda un año. Estamos hablando de una ley que, repetimos, ya lleva cuatro años aprobada, que significa un gran negocio para las compañías privadas de salud (en EEUU no hay sistema de salud pública ni hospitales que no sean privados) y que ha sido declarada constitucional por la Corte Suprema.
Lo cual nos lleva al último punto. Este no es un conflicto entre republicanos y demócratas, sino al interior del partido republicano. El bloque del Tea Party en la Cámara de Representantes se compone de alrededor de 30 diputados que vienen de distritos que los republicanos dibujaron a su medida (“gerrymandered”), que ganaron esos distritos por amplia mayoría y que saben que sus cargos están seguros porque en sus distritos nadie los va a correr por izquierda (muchos provienen de condados de población rural, de mayor edad y más homogéneamente blanca). No tienen lazos con los republicanos del establishment y se comunican con sus votantes casi exclusivamente por canales como Fox News y la talk radio de Rush Limbaugh, sin requerir de la ayuda de los líderes y las burocracias partidarias. Muchos de ellos además están financiados directamente por las fundaciones de millonarios randianos como los hermanos Koch, asi que tampoco necesitan que sus líderes partidarios los ayuden a recaudar fondos.
Este bloque es más ideológicamente puro, menos acostumbrado a las normas informales de convivencia en el Congreso y no teme sufrir represalias de “accountability vertical”, o sea, ser rechazados por sus votantes (que son tan radicales como ellos). Destestan además a Barack Obama, que representa todo aquello que ellos temen y rechazan: lo multicultural, lo racial, la elite intelectual de las universidades del Este. Entienden que no tienen incentivos para la cooperación institucional , y que una estrategia de “crash and burn” les dará más poder institucional dentro de su partido, aunque todos los demás sufran.
Resulta llamativo la falta de protestas contra el shutdown, sobre todo por parte de los trabajadores afectados, y por parte de las personas que no pueden acceder a los servicios necesarios. Por el momento, sin embargo, Obama y los líderes demócratas del Congreso han demostrado que no van a entregar concesiones, abandonando así la estrategia consensualista que utilizaron en 2010 y 2011. La opinión pública también está en contra del shutdown, con lo cual todo indicaría que no debería durar mucho y que debería resultar una derrota para los republicanos. Pero resulta dificil saber el resultado de antemano, despues de todo, desde hace treinta años los republicanos, aunque piderdan, van ganando terreno lentamente, naturalizando posiciones y tácticas políticas, como éste shutdown, que habrían sido declaradas impensables en otro momento.

“¿DEFAULT EN LOS EEUU?

Pablo Tonelli, economista
No existe acuerdo para la aprobación del Presupuesto de la principal potencia del planeta desde el año 2009 y la última vez que un Presupuesto norteamericano se aprobó en los tiempos que estipulan sus leyes fue en 1997.  El Gobierno Federal con cámaras divididas en sus mayorías (la de Representantes, controlada por los republicanos y el Senado controlado por los demócratas) sostiene su actividad en lo que se denominan “resoluciones concurrentes”, acuerdos parciales para el pago de gastos y la nómina salarial que se negocian fatigosamente caso por caso. Una ley específica que habilitaba al Gobierno Federal al financiamiento temporal de las finanzas públicas fue el mecanismo que permitió el funcionamiento del Estado al inicio de cada ejercicio fiscal en las ocasiones pasadas. No fue el caso en la presente coyuntura.
Así las cosas el Gobierno del Presidente Obama inició el 1 de octubre del corriente su ejercicio fiscal sin fondos aprobados. Esto provocó el denominado “shut down”, (cierre) es decir el cese de actividades consideradas no esenciales del gobierno federal y el licenciamiento  de 800.000 agentes de la administración pública, que nadie sabe si cobrarán algún día sus salarios caídos. ( Los que, notablemente, no han hecho sentir aún ninguna protesta.)
El 17 de octubre próximo (¿qué fecha no?) vence el límite temporal para que las Cámaras aprueben el incremento al límite legal actual de su Deuda Pública, que alcanza los 16,7 billones de dólares (es ligeramente superior al PBI de los EEUU). Si dicho incremento se negara, el Gobierno Federal no podría hacer frente a sus compromisos financieros, es decir entraría en default.
El mundo de las finanzas ha comenzado a inquietarse, moderadamente. Sus operadores y el establishment financiero descreen de las situaciones de crisis sistemática, del replanteo de las reglas de juego intrínsecas al juego del poder establecido. Un “default” americano es “imposible”. La tasa de interés que rige el mundo capitalista se basa en considerar “activos sin riesgo” la deuda soberana de los EEUU y tomar dicha tasa de referencia para toda clase de colocaciones de activos financieros, privados y públicos. Los tenedores de Bonos del Tesoro americano se cuentan entre las otras potencias mundiales, particularmente China, diferentes Gobiernos y empresas, Bancos y fondos de pensiones y de inversión.
La situación de “cierre” de las oficinas gubernamentales cuenta con antecedentes: el último en padecerlo fue Bill Clinton en 1995/1996 y aquel episodio duró 21 días, pero el “imposible default” es un dato de una realidad nueva.
Detrás de la negativa republicana a aprobar el Presupuesto y  de no consentir en otorgar la posibilidad de ampliar el endeudamiento federal, se encuentra la acción militante de la derecha republicana, conocida como el “Tea Party”.
Este sector se opone radicalmente a la entrada en vigencia de la Reforma de Salud propuesta por el Presidente Obama, que ya fue objetada en tiempos de Clinton y finalmente dejada de lado. La misma, conocida como “Patient Protecion and Affordable Care Act” (Ley Federal de Protección al Paciente y cuidado de la Salud Asequible) beneficia a 48 millones de americanos, más del 15 % del total de su población, que carece de toda cobertura médica. Por medio de esta Ley este sector vulnerable y carenciado podrá acceder a una prepaga de salud por primera vez en la Historia. Se estima que 28 millones de ese total podrán acceder a un seguro médico a precios accesibles a su nivel de ingresos y los 20 millones restantes recibirán un subsidio federal directo.
El resultado de la puja permanece, al momento de escribirse esta nota, incierto. ¿Podrá Obama resistir a las presiones del mundo financiero por “acabar de una buena vez con este tema” accediendo a las demandas de la derecha republicana? ¿O tensará la cuerda para lograr la fractura de sus opositores y aprobar el Presupuesto, la ley que autoriza el endeudamiento y su Proyecto de Salud jugando a fondo y al límite?
Es muy probable que se produzca algún tipo de acuerdo que evite el “default imposible”. En eso la apuesta del poder económico es a la inalterabilidad de la lógica del sistema en su Centro y muy probablemente no se equivoque. De hecho las Bolsas no se han derrumbado ni los mercados de activos financieros han entrado en colapso. No obstante quisiera focalizarme en otro aspecto de esta tensa realidad.
Está en juego una lógica del neoliberalismo extrema, que en palabras del psicoanalista argentino Jorge Alemán  tiene “como propósito, en consonancia con la realidad que lo configura, producir, fabricar, un nuevo tipo de subjetividad….que vive permanentemente en relación a lo que lo excede, el rendimiento y la competencia ilimitada”.
En un mundo individualista y narcisista “no hay lugar para los débiles”, como afirma el título de la película. El Estado debe radicalmente refundarse sobre la lógica de desatender cualquier actividad que no sea permitir el libre juego del mercado y los lugares que el despliegue infinito de la lógica del capital establece, un mundo sin lazos sociales. 48 millones de pobres son un desecho.
Esa ausencia de lazo social que se despliega tiene otros antecedentes. El neoliberalismo ha colonizado a las instituciones de la Unión Europea, por ejemplo. Allí se discute “técnicamente” la necesidad de recortar salarios y jubilaciones.
Voy a hacer una metáfora extrema inspirada en el accionar del “Tea Party” ¿Estamos lejos de que algún “fundamentalista neoliberal” del Parlamento Europeo plantee poner un techo de edad para el pago jubilatorio? Digámoslo en términos de esta lógica: Los recursos fiscales no pueden sostener al Estado de Bienestar, se hicieron recortes salariales y de jubilaciones. Es insuficiente. Hay cada vez menos trabajadores que aportan a la Seguridad Social en relación con los jubilados y la gente incrementó aceleradamente su expectativa de vida. Pongamos un límite de edad a la percepción de beneficios sociales del Estado, digamos 75 años. No sé si se llamará a esto “Ley de Flexibilización de la Vida”, pero le cabría. Bueno, quizá es demasiado, con expulsar a la mayoría de los  africanos y los latinoamericanos, tal vez alcanzaría.
El default de los mercados es un juego de tensiones. El default social está ahí”.

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