domingo, 10 de marzo de 2013

Eduardo Lucita “En economía a Cristina le tocó la difícil, no como Kirchner que parece un héroe y le toco la fácil”


La cita es en “El Libertador” en Corrientes y Dorrego: “Un café que también suelo usar como oficina”, anticipa por teléfono al acordar la entrevista. Es uno de esos bares tradicionales que todavía resisten el alguna esquina porteñas. Pide “una lágrima”, la endulza con sacarina. El sol entra por la ventana y calienta la mesa, como adivinando la charla.

¿Cómo caracterizaría a la experiencia económica del kirchnerismo?

El kirchnerismo se ha beneficiado ampliamente de dos medidas que no tomó: La declaración del no pago de un porcentaje importante de la deuda externa, que en ese momento era de 81.800 millones de dólares. Rodríguez Saá hizo una suspensión de pago unilateral, forzado por la situación, que duró 38 meses. En esos 38 meses no vinieron los Marines, no pasó nada, y el gobierno pudo destinar esos fondos para otras cosas. Así, tuvo una mayor capacidad financiera.

La segunda medida que no tomó y de la que se benefició ampliamente es la macro devaluación de Duhalde. Estos dos elementos jugaron decisivamente, sobre todo la macrodevaluación, porque pulverizó los salarios, favoreció las exportaciones y frenó las importaciones, forzando un mecanismo de protección inmediato. Dolarizó los ingresos del Estado vía retenciones, pero dejó pesificado los gastos, sobre todo los salarios. Se revirtieron así dos temas centrales de la crisis: el déficit del comercio exterior y el déficit financiero. Inmediatamente se pasó a lo que duró hasta ahora, que se conoce como superávits gemelos.

¿Y la reactivación del aparato productivo?

Por esas dos medidas, las empresas tuvieron mejores condiciones para trabajar y pudieron duplicar su tasa de ganancia. Y todo sin inversión, porque la capacidad instalada era muy grande. Hasta el 2007 pudieron abastecer el mercado interno sin ninguna necesidad de realizar inversiones. Es decir, con costo fijo cero. Por otro lado, tenían que financiar su capital operativo y como no había crédito, porque los bancos estaban en crisis, lo que hicieron fue traer los dólares que se habían llevado afuera durante la Convertibilidad. Por cada dólar que sacaron, trajeron 33 centavos de dólar que le rendía más que el dólar anterior.

Todo eso lo hereda el kirchnerismo, que siempre fue muy hábil cuando dice “nosotros no hicimos la devaluación ni entramos en default”. Pero que se beneficiaron enormemente de eso, no cabe la menor duda.

¿O sea que ubo una alianza de esos grandes capitales con Kirchner?


Lo que el capital le encomienda al kirchnerismo es poder realizar esa tasa de ganancia. Por lo tanto dinamiza el mercado interno con aumentos de salarios, convenciones colectivas, 20 aumentos consecutivos de la jubilación, subsidios (a los bancos pero también a la gente), paritarias. El gran crecimiento de las organizaciones de desocupados en realidad se basa en eso: Cualquiera que pasaba por el ministerio conseguía un plan. La cuestión era alimentar el consumo.

Se reducen los niveles de pobreza y desocupación. Esos primeros cuatro o cinco años de administración kirchnerista fueron muy eficientes. El mercado interno se dinamizó y las empresas ganaron mucho dinero.

¿Cómo jugó en todo esto el famoso viento de cola?

El kichnerismo fue muy hábil en aprovechar las situaciones que heredó, pero también para inducir ciertas políticas estatales favorables a esa situación. En eso contó también con otro favor que fue el mercado internacional, que venía en crisis y comenzó a reanimarse en mayo del 2003, mientras que la economía argentina comenzó a reanimarse a mediados del 2002, con la devaluación.

Entonces cuando a Néstor Kirchner le toca el “viento de cola”, la economía estaba mejor parada que un año antes. Y lo aprovechó inmensamente. Además, acá hubo dos cosas que en ese momento no se reparó demasiado, pero que salieron a la luz y es que el campo invirtió mucho en los noventa, se modernizó tremendamente. El campo argentino hoy es uno de los más productivos del mundo y eso le permitió responder rápidamente y abastecer el mercado externo.

La otra cuestión es que durante la década de los noventa se consolida un polo industrial exportador, que continúa hasta hoy.

Además, los precios de los commodities se dispararon...
Claro, hay un cambio en los términos del intercambio mundial, a partir de la demanda de China, del sudeste asiático y de la India. Podemos decir que estamos atravesando un período en donde hay escasez relativa de materias primas y de productos energéticos y sobreproducción relativa de productos e insumos industriales. Lo primero tira los precios de los commodities hacia arriba y lo segundo baja el de las manufacturas. Lo que era tradicional en las economías capitalistas dependientes, como las de toda América Latina, era que cada vez tenían que exportar más toneladas de granos para importar la misma cantidad de productos. Eso se invierte radicalmente y es lo que dura hasta ahora.


Eso favorece a la Argentina. Este cambio de tendencia, para muchos analistas va a durar muchos años más, y por ese lado el país tiene ciertas garantías. Esto potencia la renta agraria, la renta de la soja, y le da fuerza a todo un sector neoconservador en la Argentina, que se ve ahora cuando los productores amenazan con demorar la comercialización de la oleaginosa. Por lo cual, pueden agudizar la crisis del sector externo, lo que se llama la restricción externa, y desfinanciar momentáneamente al Estado.

El neodesarrollismo

¿Y la industria que rol jugó en el modelo kirchnerista?

En la Argentina la industria siempre fue dependiente del flujo de la renta agraria a través del Estado. Desde sus orígenes no es competitiva, ni lo va a ser nunca, entonces necesita aparte de la tasa de ganancia por parte de la plusvalía que le extrae a los trabajadores, una parte de la cuota que le viene vía el flujo de la renta agraria.

De manera que hay “viento de cola”, pero no es lo único. También hay políticas estatales, que se verifican en la segunda administración kirchnerista.

¿Cuáles son esas políticas?
El primer período, que es del 2003 al 2008, es de crecimiento rápido y sin obstáculos. Del 2008 a fines del 2012 es de crecimiento pero con problemas, que el gobierno tiene que ir eludiendo, por medio de la nacionalización de las AFJP, la crisis de las retenciones, nacionalización de AySA y del Correo, la expropiación del 51% de las acciones de YPF. Todo ese paquete de nacionalizaciones le permiten al Estado hacerse de una cantidad de dinero. Se ve una mayor y más fuerte intervención del Estado en la segunda etapa de la administración kirchnerista, que es mucho más difícil, que en la primera. A Cristina le toca la difícil, no como a Kirchner que le tocó la fácil, a pesar de que aparece como el héroe nacional.

¿Qué balance haría entonces de la experiencia kirchnerista?
Lo que está claro es que en estos años se ve un ciclo expansivo de la economía como no hubo nunca en la historia de la Argentina. Hay que remontarse a los primeros años del siglo XX para encontrar 4 años de tasa de crecimiento del PBI del 10 por ciento, sobre la base de inversiones externas muy fuertes. Pero acá tenes 8 años, salvo el 2009 que impactó la crisis mundial, de crecimiento con promedio del 8 por ciento anual. En todo este período de administración kirchnerista el PBI creció un 90%, pero el PBI industrial creció más que el promedio. Eso explica el fuerte crecimiento del trabajo. Hoy la Población Económicamente Activa (PEA) ronda las 16 millones de personas. En los noventa había 60 mil metalúrgicos, hoy hay 250 mil; había 25 mil en SMATA y hoy hay 100 mil, y esto se reproduce en textiles, gráficas y otros sectores industriales.

¿Entonces, hay un proceso de industrialización real?
Entre los economistas hay dos visiones: los kirchneristas dicen esta es una matriz productiva diversificada, industrialista, con inclusión social. Otros dicen: “Acá está todo igual a los 90, no pasó nada”. Si uno analiza la composición del Producto Bruto en el año 1998, que fue el más alto de la Convertibilidad, y analiza el 2011, hay uno o dos puntos más en la composición del PBI. Punto más, punto menos, la estructura es la misma. Acá no pasó nada grave.

Ahora si uno analiza la evolución del Producto Bruto del 98 al 2002, ve que cae y ahí empieza a crecer. Pero el producto bruto industrial cae menos que el promedio, y cuando crece, lo hace mucho más que el promedio. Ahí hay un proceso de expansión de la industria, que es en el que se afirma el kirchnerismo.

Hay un fuerte proceso de recuperación industrial, pero no se puede decir que hay un proceso de industrialización ampliada, porque no hay grandes inversiones que permitan lograr un click, un momento bisagra.

¿Y qué habría que hacer para logarlo?
Hay toda una discusión respecto a si eso es posible en un proceso de globalización como el actual. Muchos dicen que volver a una industria integrada, más allá de si es buena o mala, eficiente o ineficiente, pero integrada al fin, como teníamos en los sesenta, ya no es posible. Hay que tener en cuenta que la matriz de Insumo Producto de la Argentina tiene entre un 38 y un 40 por ciento de importados. ¿Cómo resolver eso en un proceso de globalización?

Vos fijate que la industria de punta, que es la automotriz, es totalmente deficitaria en términos de divisas. Entre el 60 u 80 por ciento de los autos armados en la Argentina es importado. Los autos tienen componentes importados de 17 países.


¿Pero no se trata de una tendencia global?
Claro, esto no es un fenómeno solamente argentino. Posiblemente la composición importada en otros países no sea tan fuerte como acá, que está el acuerdo con el Mercosur que te traba cualquier cosa. Pero si no hubiera Mercosur, no habría industria automovilística, no sólo acá, sino en Brasil, porque no son competitivas internacionalmente. Es un problema del capitalismo dependiente argentino. No depende de cual o tal gobierno. Lo único que pueden hacer es tomar tal o cual medida, porque romper con esa dependencia implica tomar medidas mucho más profundas que ninguno de los gobiernos que hubo desde que volvió la democracia –y tampoco creo que los que vengan, al menos com este sistema- están dispuestos a tomar.

¿O sea que la pretensión revolucionaria o reformista del kirchnerismo es limitada?
Cuando uno analiza el kirchnerismo, ve cambios y continuidades. Esto se ve claramente en el bloque de poder. El bloque de las clases dominantes que se consolidó en los años noventa, es exactamente el mismo que ahora. Sobre todo porque no hay una fracción del capital nacional, una fracción de la burguesía, que dispute ese lugarcito bajo el sol, como había en los años 50 o 60. Eso no quiere decir que no haya burgueses nacionales. Heller, el banquero guevarista, es un burgués nacional, Buzzi, de la Federación Agraria, también es un burgués nacional, pero no tienen fuerza política para disputar.

Todo el intento del gobierno en crear desde el Estado toda una burguesía nacional en la que apoyarse, más allá de los negociados y el capitalismo de amigos, es un intento por recrear una burguesía nativa. Esa es la ilusión de Kirchner cuando hablaba de capitalismo serio.

El modelo coreano y la inflación

¿En qué modelo pensaba el kirchnerismo cuando lanza esa idea de recrear la burguesía nacional?

Yo creo que el kirchnerismo tiene la ilusión de recrear un proceso similar al que vivió Corea. A fines de los 50, principios de los 60, Corea creó desde el Estado una muy fuerte burguesía nacional. Pero las condiciones geopolíticas del mundo eran otras, eso había sido apoyado por Estados Unidos porque recién salía de la guerra con Corea del Norte. Estaba el conflicto de Vietnam que ya se venía, China y todavía estaba el bloque soviético. A tal punto fue favorecido en su creación por EEUU que se montó en Corea una gran fábrica de televisores color y se le entregó todo el mercado norteamericano cautivo.

Esas condiciones geopolíticas hoy no existen. En las condiciones actuales es muy difícil recrear una burguesía nacional, es muy difícil la ilusión que plantea la Presidenta a cada rato de inversiones extranjeras que vengan a desarrollar el país, porque no estamos en la época del desarrollismo. Esto que hay ahora es un neodesarrollismo, que nace del neoliberalismo y encuentra ahí sus limitaciones. Son limitaciones estructurales del capitalismo argentino y de la extracción de clase propia del kirchnerismo.

¿Por qué esas condiciones ya no están?
El mundo cambió. En este momento la orientación de las inversiones productivas externas van hacia China, la India, Brasil a México, no para estos lados, porque es un mercado muy chico. Además, en esta vocación neodesarrollista, el gobierno argentino, como puede, pone trabas. A la remisión de utilidades, control de capitales, a los precios. Una serie de medidas que el capitalismo mundial no está dispuesto a sostener. Muchas de las cosas que se hicieron en los 50 o 60 el capitalismo actual no las soporta.

¿Cómo explica la inflación?
La derecha y los liberales siempre plantean que la inflación es producto de un exceso de demanda. Lo que dicen es que hay que bajar la demanda para que se equipare con la oferta y así todo va a funcionar armoniosamente. Bajar la demanda significa menos gasto público, menos emisión y menos salario.

Es evidente que a medida que crece el nivel de emisión, algún grado de incidencia tiene sobre la inflación. Se está emitiendo al 40% pero acá las causas son varias. La principal es la alta tasa de ganancia con la que funciona el capitalismo argentino, que es un sistema capitalista muy concentrado. Hay 500 empresas fuertes que explican el 30% del PBI de la Argentina. Hay 200 empresas formadoras de precios y hay 50 empresas que explican el 15% del PBI. Estas son las empresas decisivas. Si el Estado, en vez de controlar precios en los locales a la calle, no controla los costos de producción de las 200 formadoras de precio y establece índices de rentabilidad razonables, como el sistema mundial y no la locura que es acá, no hay forma de controlar la inflación.

Pero en los 90 la estructura estaba tan concentrada como ahora…

Sí, pero tuvimos 3, 4 años de recesión en donde hubo tasas de deflación. Es otra cosa. No había inflación pero los salarios estaban planchados. Ahora los salarios se recuperaron mucho. Hoy los salarios se han recuperado al nivel del 2001 o un poco más en términos reales, lo cual para la burguesía argentina pesa. Si bien el componente salarial en el costo de un producto terminado no es significativo, las empresas siempre aprovechan.

El segundo punto es que esta no es una inflación de demanda sino de oferta. Hay poca oferta de productos porque no hay inversión de ampliación de la capacidad instalada. Los capitales apenas invierten para seguir por atrás a la demanda pero nunca se anticipan ampliando la capacidad. La tercera cuestión que incide sobre el precio de los alimentos es su precio a nivel mundial, que se traslada a todos los productos agropecuarios.

Eso tira para el precio de los alimentos. Por eso la política de retenciones no es sólo política fiscal sino que trata de desprender los precios locales de los internacionales. En realidad para eso la solución es la nacionalización del comercio de granos. Recuperar el IAPI, pero de una forma nueva, moderna, más ágil, más eficiente. El Estado tiene que fijar los costos y vender. No hay otra forma. El peso de la renta agraria volvió para quedarse, y va a ser un factor desestabilizador y de conflicto permanente.

¿Cómo afecta la inflación a los trabajadores?
Vamos a iniciar un año de mayor conflictividad social que los años anteriores, por el proceso inflacionario, que no es desbocado, pero que viene incrementándose desde el 2007, 2008. Se va acumulando y cada vez se espiraliza un poco más. La segunda cuestión que afecta a dos millones y medio de trabajadores sobre once o doce, el 25% de los asalariados, y que es mucho más en los asalariados que están en blanco, es el mínimo no imponible para las ganancias.

Primero, considerar ganancia al salario ya es un debate propio. Pero además al no actualizarse las escalas, paga el que gana 6000 pesos. Que a vos te echen del trabajo, te indemnicen, y vos pagues impuestos por esa indemnización es una inequidad. Pero además es una inequidad que paguen impuestos los que viven de un salario y no la renta financiera. Y tampoco hay impuesto a la herencia, porque la sacó Martinez de Hoz y nunca se volvió a implementar.

Todo esto va a traer conflictos, lo de los docentes es la punta del iceberg.



Addenda: agregamos parte del reportaje sobre el tema ferroviario.


Los ferrocarriles y la tragedia de Once

Eduardo Licita trabajó 20 años en Ferrocarriles Argentinos y publicó "La patria en el riel. Un siglo de Lucha de los Trabajadores Ferroviarios". Su visión sobre las causas de la debacle del sistema ferroviario argentino.

¿Qué balance hace a un año de la tragedia de Once?

La tragedia de Once, que costó tantas vidas y tantos heridos, dejó al descubierto lo que muchos veníamos denunciando hace años: vivimos una descomposición del sistema ferroviario. De hecho, los ferrocarriles de carga tienen descarrilamientos todos los días, hay cientos de accidentes ferroviarios, sólo que no son tan gravosos en vidas humanas.

Estamos frente a un deterioro que viene de larga data, desde principios de los años 60, con el fracaso del Plan Larkin, que en realidad y a diferencia de todo lo que vino después, al menos era un plan, porque dejaba al ferrocarril con 14 mil kilómetros de vía, pero funcionando, por lo menos en la teoría, modernizándose. Eso fue en la época de Frondizi. Se llamaba Larkin porque era un general norteamericano. Dejaba un sistema ferroviario achicado funcionando y que quería ser rentable, preservaba el corazón del sistema, que era lo que daba ganancias.

¿Y porqué no se concretó?
El plan fracasó por la fuerte resistencia obrera y sindical. Después de una huelga, que duró más de sesenta días, el sistema quedó muy deteriorado, y a partir de ahí empieza una debacle, que todos los planes posteriores no hacen más que agudizarla.

¿En que consistía ese plan?
El plan significaba pasar de 40 mil kilómetros de vías a 14 mil, y dejaba gran parte de los 100 mil trabajadores ferroviarios sin trabajo. Era un ajuste importante. Provocaba lo que terminó pasando después: Montones de economías regionales y pueblos del interior del país quedaban totalmente desconectados del sistema. 

En ese entonces el sistema ferroviario nacional de alguna manera operaba vertebrando toda la estructura del país, porque no existía todo el sistema de rutas que hay ahora. Ahora el sistema compensa en algunos casos la inexistencia del ferrocarril, pero a un costo social y económico mucho mayor que conlleva mantener la ruta, sumado al deterioro ambiental que provoca.

¿Es muy ineficiente el sistema actual?
El cálculo de las externalidades en el sistema de transporte favorece ampliamente al modo ferroviario frente al modo carretero, acá y en todo el mundo. Ocupa mucho menos espacio, transporta más cargas y más pasajeros. Una formación del Sarmiento equivale a 50 colectivos. La incidencia es mucho mayor en el transporte por ruta. En el daño ambiental por la combustión también.

¿Desde los 60 a hoy nunca hubo instancias de recuperación?
Hubo dos momentos de cierta recuperación en el sistema ferroviario, por lo menos en la participación en el sistema antiguo de cargas, en los años 74 y 84, dos momentos de vida democrática del país. Después del 84 ya empieza una debacle muy pronunciada que se agudiza fuertemente en los últimos diez años. Y entra a jugar peligrosamente la siniestralidad en el transporte ferroviario: cada vez es más riesgoso el sistema de pasajeros y eso es lo que sale a la luz con la tragedia del Sarmiento. Hay que tener en cuenta además que un año antes ya había habido un par de accidentes de envergadura en el Sarmiento.

El sistema político y el sistema empresarial no vieron, o no quisieron ver, esos anuncios que había, esos mensajes que mandaba la realidad y finalmente estallaron ese 22 de febrero.

¿Cuáles fueron las causas?
Las causas son varias, pero de todas maneras lo que queda claro es que hay una ausencia de una política de transporte ferroviario, no sólo de mantenimiento sino de actualización del equipamiento, que es obsoleto. Muchos de esos coches ferroviarios, son peligrosos. La estructura está vencida por todos lados. Si eso se asienta además sobre vías que están en mal estado, la situación empeora. Y si además no hay un sistema de comunicaciones y de señalamiento moderno, peor. La único que evita más accidentes es la experiencia del personal y también que los trenes van cada vez más lento. Si con este sistema hubiera mayor capacidad de tracción, habría más accidentes todavía.

¿El congelamiento de tarifa influyó en el congelamiento de tarifas?
Es cierto que hubo falta de inversión y que las tarifas estuvieron congeladas, también. Pero también es cierto que a pesar de esto, el Estado año tras año puso una enorme cantidad de dinero en subsidios y esos pesos no se han visto para nada. A dónde ha ido esa plata, es algo que la investigación del accidente debiera hacer también: qué pasó con todos esos subsidios. Alguien se los llevó, y todo indica que no se lo llevaron sólo los Cirigliano, se lo han llevado también, como mínimo, sectores del control estatal. Si vos pones 100 podes tener un equivalente de 80, pero no un equivalente de 20 nada más. 

En el sistema capitalista algo siempre queda en el camino. Negocios y negociados hubo siempre. Hace muchos años uno de los contratistas del ferrocarril, uno de estos tantos sinvergüenzas me decía que la “cuota” normal es un 10 por ciento, pero hay casos que te piden el 50. El 10 está asumido por todo el mundo. Pero superar ese porcentaje ya es gravoso.

¿Cree que el gobierno logrará revertir esta situación?
Indudablemente va a haber un cambio. Además el sistema político lo necesita, el gobierno más que nada, que está poniendo mucho dinero. Ahora hay un mayor nivel de control del dinero que se pone, por lo menos fue lo que me comentó (Rubén “Pollo”) Sobrero. Aparentemente los tramos de vías ya están casi todos renovados. Aún falta un elemento central que es el sistema de cambio de vías; los corazones de las vías. Ahí hay un problema porque no son nacionales, hay que importarlos. Pero son decisivos para mantener una infraestructura en condiciones.

Después está el tema, que ha generado toda una discusión, de que han encargado más de 400 coches nuevos a China por más de 500 millones de dólares. Seguramente un porcentaje de eso se podría haber fabricado en la Argentina.

Ahora, hay que ver si los tiempos de entrega son rápidos, y más aún con coches de una dimensión tan grande, eléctricos, con aire acondicionado y otra serie de modernizaciones que es indudable que el gobierno quiere tenerlo antes del 2015. El otro problema que se denuncia es que vienen sin ninguna transferencia tecnológica. Con lo cual se genera la dependencia de nuevo, a pesar de que no sea demasiado sofisticada. Y hay que ver también el tema de los repuestos. Si eso no va acompañado de inversiones acá, con sectores de fabricantes de repuestos que permitan ir haciendo el mantenimiento con material nacional, otra vez la dependencia va a ser muy fuerte.

Otro tema a tener en cuenta es que el soterramiento del Sarmiento quedó totalmente parado…
Es que es lógico, si el gobierno está decidido a renovar los coches y que estén dentro de dos años. No va a meter esfuerzos en el soterramiento, que es un proyecto de muy largo aliento. Lo que es cierto también es que trajeron la máquina tuneladora y la tienen parada, que es una inversión de una proporción grande. Esa es otra muestra de que el accidente de Once le alteró también los planes al gobierno, y por eso lo dejó de lado.

Todo indica que hasta dentro de uno o dos años no se van a ver grandes resultados. Ahora, sí me parece bien que hayan comenzado por la infraestructura, por las vías, porque si vos pones un coche nuevo sobre una vía deteriorada, se desgasta rápidamente por los golpes. La vía es inevitable mejorarla primero.

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