lunes, 23 de abril de 2012

Hoy se celebra el Día del Idioma, en honor al escritor Miguel de Cervantes Saavedra



Nuestra lengua nació como una derivación del latín hacia el siglo IX y los primeros documentos conservados fueron glosas, es decir aclaraciones en la nueva lengua romance, escritas en folios en latín; servían para que los monjes no muy expertos en latín pudieran entender mejor el texto. Son las Glosas Silenses, llamadas así por provenir del monasterio de Santo Domingo de Silos, en la provincia española de La Rioja. Con la reconquista de las tierras en poder de los árabes, la lengua se fue extendiendo hacia el sur y se convirtió en la lengua oficial de Castilla en el siglo XIII, cuando el rey Fernando el Santo decretó su uso en los documentos oficiales. La conquista de América  y su integración  como parte del reino de Castilla, explican el uso del castellano o español desde Méjico hasta Argentina y Chile, salvo Brasil y algunas pequeñas zonas del Caribe. Actualmente se prefiere llamarlo español por ser el idioma oficial del país de origen de la lengua, mientras que Castilla es una pequeña parte territorial.
El momento más difícil  para la preservación de la unidad de este maravilloso patrimonio cultural  de la Humanidad  fue la primera mitad del siglo XIX, cuando se emanciparon las colonias de América y en gran medida se rompieron los lazos culturales con la metrópoli. Es el momento en que la acción del filólogo Andrés Bello remarcó la imperiosa necesidad  de estudiar y mantener la unidad  del idioma. Anticipador  como lingüista de una gramática razonada, escribió la propia, que todavía sigue siendo considerada en los ámbitos académicos y universitarios. 
La Real Academia de la Lengua Española, creada en 1713 por el rey Felipe V a imitación de la Academia Francesa, tiene su sede en Madrid  y cuenta con el aporte de diecinueve academias iberoamericanas, además de la norteamericana y la filipina.
Más allá de las diferencias regionales en el vocabulario y la pronunciación, la unidad fundamental queda establecida  en el cuidado de la sintaxis y, especialmente en la lengua escrita. Por lo que la preocupación ortográfica como base unificadora  lleva a la Academia a fijar normas de escritura que deben ser respetadas siempre, aunque, a veces, el fundamento fonológico no sea muy fuerte. Las normas cambian con el tiempo pero siempre deben ser respetadas por la integridad de la lengua.
Las últimas estimaciones indican  que unos 400 millones de personas hablan el español en el mundo. Para el 2025 se estima que los hispanohablantes superarán los 500 millones. Actualmente es la segunda lengua occidental y, después del inglés, la que apunta al mayor crecimiento. La demanda de su estudio aumenta sin cesar y se ha duplicado en la última década, especialmente en los departamentos de español de las principales universidades del mundo. Por cantidad de hablantes y actualización de términos, el futuro del español está garantizado.
La década de los noventa se presenta con una globalización de la economía y de los medios de producción, distribución y comunicación. El mercado deja de ser solamente interno para pasar a ser mundial, y gran cantidad de empresas han llegado a ser organizaciones mundiales que no establecen vínculos con los estados nacionales más que como una plaza favorable para sus negocios. 
En esta estructura económica mundial lo que prevalece es la homogeneización de las diferencias culturales y es el momento de preguntarse en qué posición queda ese gran diferenciador que es la lengua propia de cada comunidad humana. 
Hay varias respuestas para esta nueva situación. La respuesta asiática, de los países del sudoeste como Corea y República China además de Taiwán manejan como lengua del comercio el inglés y siguen usando sus lenguas para la educación y la cultura. Hacen uso de la estructura económica global, pero no integran la parte social y cultural que defienden con su lengua.
La respuesta fundamentalista es la elegida en los países árabes, que rechazan las lenguas de países occidentales, es decir se niega la presencia de otras lenguas hegemónicas en pos de la no contaminación de la propia lengua. Se presenta como una negativa al cambio y puede provocar xenofobia y discriminación.
Otra postura es la de posición globalizadora. Tiene en cuenta el modelo económico actual y considera a las naciones como regiones económicas. A medida que un servicio se globaliza se comienza a utilizar la lengua de las transacciones comerciales. Pero la exigencia de conocimientos de dos o más idiomas se impone para las azafatas internacionales, abogados, vendedores y domina en las publicidades el inglés, como lengua hegemónica de la globalización.
Una cuarta respuesta es la polilingüística, que defiende la coexistencia de varias lenguas. Hay países con larga tradición como Suiza y Canadá, pero otros aún viven el conflicto, como Bélgica.
Para nosotros argentinos es el momento de definir una política de aceptación polilingüística  con el inglés, el alemán y el francés, idiomas de peso cultural y económico, cuidar la calidad de las traducciones y estudiar y valorar la propia lengua para una sociedad  de comprensión, equidad y tolerancia.

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