miércoles, 7 de agosto de 2013

Adiós al último patriarca de la Tienda El Parque

Avda Colón y Pellegrini

Ayer murió Don Enrique Zugbi, el último patriarca sobreviviente de una tienda mítica, quizá “la tienda” de los vecinos del Tandil de los años felices.
Se fue en silencio, tal como de alguna manera vivió. Fue uno de los impulsores, en la dinastía Zugbi-Abait, de la Tienda El Parque, que durante décadas se convirtió en un emblema instalado en el corazón de la Avenida Colón.
Su ética comercial forjó una tradición donde la palabra tuvo el verdadero significante que le dan los árabes. La palabra como el bien supremo, símbolo de la confianza en el prójimo, por un lado, y prodigio del lenguaje, por el otro. Don Enrique Zugbi le hizo honor al proverbio de los paisanos del Líbano que cruzaron el mar: La palabra es el oro de los árabes.
Cena de los Libaneses en 2012

Su tienda poseía el bien más preciado, la conjunción mítica: la mejor calidad al precio más bajo. Nadie que haya pasado por allí podrá desmentir un capital intangible que pocos comercios atesoran a lo largo de su historia: el tenerlo todo o casi todo en sus estantes. La Tienda El Parque fue a las tiendas del siglo veinte lo que Roqui es a los productos electrónicos del siglo veintiuno. Un aleph, un punto desde se veía todo el universo de su inagotable stock. Con su slogan de leyenda, la tienda que tenía todo “para el campo y la ciudad”, esos dos mundos donde la urbanidad y la ruralidad confluían en una misma galaxia. La que construyeron los Zugbi y los Abait como un fenómeno que nunca jamás habría de enseñar el marketing muchos años después: el vecino, cualquier vecino, podía entrar sin un centavo en el bolsillo a la tienda, y llevarse lo que quisiera, que “cuando cobre viene y lo paga”, decían sus dueños. Comerciantes de raza con una ética hoy cuasi inexistente: eran capaces de llegarse hasta el domicilio del cliente para informarle que esa mercadería que había pedido a Buenos Aires ya estaba esperándolo en el estante de la tienda.

En la víspera, Don Enrique Sugbi emprendió el largo adiós. Su duende quedó allí, en el empedrado de la Avenida Colón, entre los fantasmas insepultos de una tienda única y literalmente irrepetible.

Publicado en El Diario de Tandil

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