Lo concreto es que el radicalismo dice que se le cerraron
todas las puertas que ayer se abrían de par en par. Se dicen
discriminados y van a recurrir a la Justicia como si ésta pudiera
resolver frente a lo que resultaría una promesa incumplida o una
cuestión de financiamiento, como podría ser las razones a esgrimir.
Parece un manotazo de ahogado, impotente. Ayer se le reían al
concejal Mansilla por judicializar la política y apelar a la justicia
por pedidos de informes no contestados. Salvando las distancias, ahora
el oficialismo vernáculo utiliza las mismas armas.
Frente a la problemática, el lunghismo evidencia debilidad, como
con la seguridad y otros asuntos que, a pesar de sacar la mano, los
quema.
(leer nota completa en La Voz de Tandil)
Reproducimos la Editorial del periodista Guillermo Liggerini que todas las semanas escribe en la Voz.

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